Hasta Mañana, Oleandro

Bajo la luna llena, se encontraron en la plaza.
Oleandro y su amor, con miradas que abrazan.
Susurran promesas, risas que el viento lleva,
en la noche estrellada, donde el tiempo se congela.

Hasta mañana, Oleandro, en el rincón del secreto,
que el alba nos separe, y el sol guarde nuestro anhelo.
Hasta mañana, mi amor, en el silencio guardado,
que en la noche se despide, el beso nunca dado.

Caminaron de la mano, en calles sin testigos,
soñando con futuros, sin miedo ni castigos.
Sus ojos brillaban, como estrellas en la noche,
dos corazones ardientes, en un solo broche.

Hasta mañana, Oleandro, en el rincón del secreto,
que el alba nos separe, y el sol guarde nuestro anhelo.
Hasta mañana, mi amor, en el silencio guardado,
que en la noche se despide, el beso nunca dado.

Se escondían en las sombras, de un amor clandestino,
sintiendo en cada encuentro, que desafiaban al destino.
Sus palabras eran fuego, encendiendo la oscuridad,
mientras el reloj marcaba, el fin de su realidad.

Hasta mañana, Oleandro, en el rincón del secreto,
que el alba nos separe, y el sol guarde nuestro anhelo.
Hasta mañana, mi amor, en el silencio guardado,
que en la noche se despide, el beso nunca dado.

Pero al amanecer, Oleandro no apareció,
las sombras lo reclamaron, o tal vez se arrepintió.
El lugar estaba vacío, el silencio era testigo,
de un adiós no pronunciado, y un misterio sin abrigo.

Hasta mañana, Oleandro, donde quiera que estés,
que el alba no nos separe, y el sol recuerde el ayer.
Hasta siempre, mi amor, en el recuerdo quedamos,
que en la noche se despide, el beso que nunca olvidamos.


        © Dominik Alexander / 2024
        © kalhh (image)

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